Parto vaginal después de cesárea

"Mi primer parto fue por cesárea.


Cuando todo pasó me di cuenta de que había confiado muy poco en mis posibilidades de dar a luz de forma natural. Quise que todo fuera deprisa y no escuché las señales que mi cuerpo me enviaba y al final añadí tensión que no me dejo evolucionar.


El segundo embarazo lo viví de una forma completamente distinta, mucho más segura y preparada. Tuve la suerte de contar con grandes profesionales que me ayudaron a entender el proceso y no tener miedo a lo que iba a sentir. La recompensa final merecería la pena y mi bebé marcaría el ritmo al que querría nacer, no la idea que yo tuviera en la cabeza.


En la semana 34 parecía que la niña no iba ganando el peso que debería, así que tras ecos, monitores y tactos vaginales cada semana, me mencionaron que me tendrían que inducir el parto. Todos los planes se desmoronaban, me daba pánico pensar en que me provocaran el parto (de nuevo ideas preconcebidas que no tienen por que marcar diferencia alguna).


Finalmente, el día de Navidad las contracciones que llevaba notando un par de semanas empezaron a coger fuerza. Pensé: "bien, había llegado la hora de escuchar a mi bebe y ayudarle a nacer".

Esta vez no iba a tener prisa, me acordé de Elvira y Carla, las matronas que habían llevado mi embarazo. Ellas nos hacían visualizar una playa tranquila e imaginarnos las contracciones como olas que nos acercaban al nacimiento. Pasaron unas 3 horas cuando la marejada ya me pareció suficientemente fuerte como para subir al hospital.


Cuando llegue allí me dijeron que estaba dilatada de 4cm (en el parto anterior había tardado dos días en alcanzar ese nivel) así que la sensación de que iba a lograr un parto natural se hizo aun mayor.


Cargada de optimismo, y contracciones, me llevan al paritorio. Eran demasiado rápidas así que me tuvieron que poner medicación para mantener un ritmo sano para mi y para el bebe. De repente aparecen cinco profesionales allí, con cara de susto, mi tensión estaba por los suelos y la frecuencia cardiaca de la niña también, tenían que hacerle una prueba del Ph para ver que todo estaba bien. Momento pánico que me hizo pensar que acabaríamos de nuevo en quirófano.


Intenté mantener la calma, volví a pensar en aquel mar que me hacían imaginar en las clases de preparación y no dejarme arrastrar por la tormenta. Respiro e intento mantener la calma. Buenas noticias todo estaba bien, simplemente necesitaba un cambio postural.


En cierto momento parecía que el ritmo de evolución había bajado bastante...¡oh no! Eso ya me sonaba del parto de mi primer hijo. Pero esta vez yo no era la misma, no tenía pensando rendirme sino dejar que las cosas siguieran su ritmo. Recuerdo que la matrona que estaba conmigo dijo: "se nota que quieres parir y lo vas a conseguir". El bebé parecía haberse girado y la posición complicaba su salida, las ginecólogas intentaban girarla mientras yo empujaba con cada contracción, ellas tampoco se rindieron y tras una hora se consiguió colocar de forma correcta.


Unas horas después escucho aquella frase que llevaba tanto tiempo esperando: ES HORA DE EMPUJAR"


Os dejo con su precioso vídeo:




Sara Arboleya

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